IMPERTURBABLE - Poesía de Sergio Alejandro Camargo Patarroyo
IMPERTURBABLE
En la mesa de mi estudio
me acompaña un bello ser:
tiene cuerpo de mujer
y me observa sin repudio.
No se mueve de su puesto,
mas, me inspira este poema
que ahora lees, siendo ella el tema,
a describirte dispuesto.
Está desnuda esta diosa,
tiene un cántaro en un hombro,
sin temor a aquel escombro
de un árbol de piel rugosa.
Su cabello es ondulado,
y sus ojos por el suelo,
buscan algo de consuelo
que ha perdido entre aquel prado…
Su nariz es respingada,
tiene un rictus de tristeza
la actitud de su cabeza,
y tiene boca abultada.
Es su cuello largo, fino,
y el cántaro que transporta,
en el lado izquierdo porta
con un aire femenino.
Dos montículos su pecho
con dureza de metal,
y un aspecto angelical
me entretienen largo trecho.
El abdomen con su ombligo
me deleita al verlo plano,
aunque causa algo malsano
que me llama a darle abrigo…
Del lado derecho cae,
para darse algún balance,
la mano abierta al alcance
de su cadera que atrae.
Por el lado de adelante
hay un pubis afeitado,
con piernas a cada lado
de una piel algo brillante.
Tiene muslos delicados,
las rodillas balanceadas,
pantorrillas torneadas,
tobillos proporcionados.
En los pies un poco inflados
porta sus dedos de simio,
porque algún cincel eximio
se excedió en los acabados.
Una pierna está derecha
la otra está un poco curvada
por marchar hacia la nada
con su paso de sospecha.
Al voltear su cuerpo entero
y observarla por la espalda,
un montículo respalda
la esbeltez de su trasero.
Nunca evita una caricia,
no se inquieta si la miro,
no se ofende si suspiro,
ni presume mi sevicia.
Ella no observa mi mano,
ni una palabra musita,
no interrumpe ni limita,
mi trabajo de escribano,
Se mantiene siempre quieta
en el borde de mi mesa,
observando sí, muy tiesa,
cómo fluye mi carreta…
Está sería, displicente,
pensativa, tiene miedo,
ella le teme al enredo
del egoísmo existente,
y aunque jamás lleva traje
ella nunca es mujer fácil,
que a pesar de ser tan grácil
no permite algún ultraje.
En un crisol fundidor
del dolor halló el remedio,
e inmortal por ese medio
brilla en todo su esplendor.
Esa chica el exterminio
ha esquivado de su parte:
ayudada por el arte,
es mi amiga de aluminio.
Sergio Alejandro Camargo Patarroyo ®
Colombia
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