2a entrega. CONOZCA (14) QUIÉN FUE HITLER Por Eduardo Lozano Torres

CONOZCA (14) Quíen fue Hitler (continuación...)

Entrevista Contador de Historias - YouTube
Fotografía del escritor (bajada de Internet).

Por: Eduardo Lozano Torres (*)

En CONOZCA 13, dejamos a Hitler viviendo en una casa de indigentes en Viena y tratando de vender sus pinturas para sobrevivir. Sigamos… Como era incapaz de vender las pinturas que elaboraba, se asoció con un conocido de apellido Hanisch, quien por una pequeña comisión se comprometió a ir de bar en bar para venderlas.

Al poco tiempo, Hitler comprobó que este socio lo robaba y llevó el caso a los tribunales. Hanisch fue a parar a la cárcel. Se volvió a asociar, ahora con un judío húngaro de apellido Neumann, con quien también tuvo problemas y rompió con él. Algunos autores dicen que este caso originó su odio por los judíos, pero no debe olvidarse que él ya los consideraba por los escritos de Liebenfels (Ver CONOZCA 13), como una “raza inferior”.

Sin embargo, hay que mencionar otro detalle que sirvió para aumentar ese odio. En Viena, estuvo Hitler detrás de una joven estudiante de música, llamada Margarita, a quien asechaba pero sin atreverse nunca a hablarle de sus sentimientos. En esto llegó un joven judío, dueño de una fábrica de tejidos, quien se enamoró de Margarita, la cortejó y se casó con ella, lo cual fue para Hitler una frustración muy grande por culpa de un judío.


En 1913, ya con 24 años y sin haber hecho nada en la vida ni tener un proyecto para su futuro, abandona Viena y se residencia en Munich, donde alquila una pequeña buhardilla que alcanzaba a pagar con la venta de una que otra pintura.

Ilustración fotográfica de Wordpress.com "Albergue para vagabundos (en la actualidad residencia de ancianos) en Meldemann Strasse 27, Munich"

Como no conocía a nadie ni tenía amigos, comenzó a frecuentar bares y cervecerías en donde participaba de los acalorados debates políticos que allí se suscitaban entre la clientela, que hay que decirlo, era de escasa ilustración.

Poco a poco se fue haciendo conocer en este medio en el que luego se atrevió a pronunciar demagógicos discursos que los clientes escuchaban atentamente. Si bien algunos lo oían con sonrisas burlonas, otros aceptaban sus extrañas peroratas “nacionalistas y racistas”.

La atención que despertó en esos auditorios lo motivó a acudir a las bibliotecas públicas en busca de mayor información para sus discursos.

Recordemos que hasta este momento, Hitler era un evasor del servicio militar porque paradójicamente mostraba aversión hacia lo castrense, pues era enemigo del yugo militar. Pero el 14 de enero de 1914 le llegó una citación de las autoridades militares de Linz, instándolo a presentarse en la oficina de reclutamiento de Salzburgo. Y vean ustedes las extrañas cosas del destino: allí lo declararon ¡inútil para todo servicio en la milicia!

En agosto, se acercó a una multitud que se agolpaba a escuchar un funcionario oficial, quien anunció desde un balcón que Alemania había declarado el estado de guerra. Este anuncio, como él lo dijo años después, “lo recibió con gran emoción y agradeció al cielo haberle permitido disfrutarlo”.

Algo no funcionaba bien dentro de ese cerebro. Esto lo motivó a presentarse como voluntario al reclutamiento de Baviera y fue destinado entonces al regimiento de infantería No. 16. Imposible sospechar que este acto sería el principio de una hecatombe exterminadora cuyo autor sería “este pobre diablo de 25 años”.

Combate entonces en el frente francés y herido en una pierna es trasladado a Berlín en donde se recuperó. Fue reintegrado a filas y luego, debido a los gases tóxicos durante una ofensiva de tropas francesas, pierde la visión temporalmente y es evacuado en un tren sanitario. Durante la guerra le fue otorgada la “Cruz de Hierro” de 2ª clase, la medalla militar de 3ª clase y al final del conflicto en agosto de 1918, la “Cruz de Hierro” de 1ª clase, por haber demostrado su valor como combatiente, aunque “nunca realizó proezas excepcionales”, como después, cuando ya era el Fúhrer, muchos cronistas lagartos le atribuyeron para congraciarse con él.

Sus compañeros de esta época lo describieron luego como una persona solitaria, no fumaba ni bebía, no le conocieron amistades femeninas y menos aventuras amorosas; pero eso sí, no desaprovechaba ocasión para despotricar del judaísmo y del marxismo, doctrinas que odió a morir.

Y vean los cambios que la guerra produjo en él: ahora pensaba que la vida castrense era lo máximo y siempre pronosticó el triunfo de Alemania en esta primera guerra mundial. Por eso al final de ella, quedó con la tremenda y duradera frustración de no haber acertado con su pronóstico. (Continúa en CONOZCA 15) ¡Hasta la próxima!

(*) Nació en Bogotá y estudio primaria y bachillerato en Tunja (antiguo colegio de Jesuítas "José Joaquín Ortiz), se graduó en Biología y Química en la U. Jorge Tadeo Lozano de Bogotá.
Es historiador (mitología), investigador científico, y escritor de varios libros: "Bolívar mujeriego empedernido", "Diccionario de mitología griega y romana", "Reinas pero desdichadas"; "Los dioses también pecan"; tiene, en preparación, otros dos libros. 

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