UN ACUERDO FUNDAMENTAL por Eduardo Barajas Sandoval*
Un acuerdo fundamental
Por Eduardo Barajas Sandoval
Es común preguntarse, en época de crisis, si los gobernantes que hay son los más idóneos para hacer el oficio que les corresponde. La gama de respuestas es amplia. En un extremo se encuentra la aceptación, entusiasta o resignada, de los que hay. En el otro, el deseo de que se vayan. También hay, por supuesto, todo tipo de respuestas intermedias. No obstante, de pronto puede resultar inútil, o inocuo, limitar la pregunta a la idoneidad de los gobernantes, y es mejor extenderla al conjunto de la sociedad, por la sencilla razón de que las cosas no son tan lineales, ni las soluciones a grandes problemas pueden depender de fuente única.
Generalmente se asume que quienes hoy gobiernan, desde aldeas hasta naciones, han encontrado, gracias a la pandemia, la oportunidad soñada de disfrutar del ejercicio del poder, y que, como animales políticos, estarían dispuestos a inventar todo tipo de argucias no solamente para extender el espectro de sus posibilidades de mando, sino para alargar el tiempo de su disfrute. Siendo que puede haber gobernantes que se sienten atrapados en la soledad que conllevan las atribuciones de mando, cuando los asesores más cercanos terminan por callar, en espera de decisiones de vida o muerte que solo dependen de quien tenga esa investidura que muchos envidian y que solamente quienes la tienen saben cuánto pesa y cómo sería mejor, en ciertos momentos, no llevar.
Gústeles o no, disfrútenlo o no, el hecho de gobernar en medio de esta crisis inédita ha sido la señal de partida hacia la puesta a prueba, a la carrera, no solamente de sus cualidades y de sus limitaciones, sino de nuevas versiones del arte de gobernar. Así es cuando hay que tomar decisiones frente a una amenaza extraña, invisible y universal, que puede golpear a cualquiera, aún al propio gobernante, bajo una lluvia torrencial de hechos, información, interpretaciones, reclamos y recomendaciones de toda procedencia.
Desde la perspectiva de los países hasta la de las aldeas, ahora hay que tomar decisiones pronto, con buen criterio, tranquilidad y firmeza, echando mano de recursos institucionales y financieros excepcionales. Cada quién debe conocer a fondo la naturaleza del problema, sus causas, sus proporciones presentes y futuras, y el daño que puede llegar a producir en el ámbito de su territorio. También debe organizar un equipo idóneo y establecer estrecha alianza con la comunidad científica, además de apelar a otras alianzas, internas e internacionales, con el ánimo y el propósito de atenuar la devastación y asegurar el retorno a la “normalidad”.
La realidad parece estar un poco alejada de la situación ideal para sortear las dificultades del momento. En diferentes naciones no gobiernan hoy necesariamente los mejores, ni los más sabios, ecuánimes, visionarios ni universales. Si bien aparecen en el mosaico figuras exitosas, como las mujeres que gobiernan en Nueva Zelanda, Alemania o Taiwán, o aprendices que se han dedicado prioritaria y humildemente a la tarea de manejar el problema, en el panorama brilla toda una gama de vanidades, actitudes populistas, demostraciones de ignorancia, pretensiones de inspiración sobrenatural, ganas de sentir el placer de hacerse obedecer, suficiencia y propuestas como la de matar a quien salga de su casa, o la de inyectar desinfectantes en la corriente sanguínea de los pacientes. Déjenlos solos y acaban con el mundo.
En el manejo del conjunto, muy complejo, de asuntos relacionados con el manejo de la pandemia y la posterior reconstrucción de tantas cosas, puede ser una equivocación dejarlo todo en manos de los gobiernos. Es necesario y urgente que aparezcan contribuciones de toda procedencia. Alguien debe advertir, desde puntos de vista diferentes, sobre dimensiones particulares del problema, y proponer las soluciones correspondientes. Es urgente que aparezca una militancia que se encargue de defender los aspectos sustanciales del manejo económico, por ejemplo para que la preocupación por el producto bruto no deje de lado la necesidad de defender el empleo. Lo mismo debe pasar con el aprovisionamiento y la distribución de alimentos. Dentro de ese panorama, el estado de ánimo de la población es uno de esos elementos que resultan esenciales, pues de su compromiso, capacidad y voluntad de salir adelante, depende en gran medida el éxito de todo lo que se proponga.
Ahí está un asunto de aquellos que exigen, según las circunstancias de cada país, esa deseada convergencia de diferentes sectores en torno a la solución de un problema general. Esperar que los gobiernos se ocupen exclusivamente de todo, es someterse, a ciegas, a su inexperiencia, su arrogancia, o sus desatinos. Es no asumir, por parte de los demás actores de la vida pública, unas responsabilidades que corresponden a muchos más. Comenzando por la oposición, cuya contribución al arreglo de un problema común adquiere, bajo estas circunstancias, enorme valor.
Declararse beneficiado o abandonado por los gobernantes puede ser un desacierto anacrónico. La sociedad se debe movilizar para exigir acciones de todos los actores de la vida pública. Y movilizarse también, con ánimo constructivo, en busca de un gran acuerdo sobre la forma de manejar las diferentes facetas de un problema que tiene muchas aristas y debe ser solucionado entre todos. Para que, a la anhelada hora de la post pandemia, nadie quede por fuera de un orden que, así cueste trabajo y exija sacrificios de todos, debe ser mejor que el que traíamos en ese mundo desordenado e injusto que, tarde o temprano, había que corregir.
* Eduardo Barajas Sandoval
- Investigador en temas de derecho, politología y relaciones internacionales
- Conferencista
- Alto directivo académico, y docente en la U. del Rosario - Bogotá
- Ex Secretario general de la Presidencia de la República
- Ex Secretario de Educación de Bogotá D.C.
- Ex Embajador de Colombia en Hungría
- Ex Rector de la Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia
- Escritor y Columnista en periódicos de circulación nacional e internacional.
Foto de un atardecer enigmático para libre interpretación - (Archivo UGV)

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